jueves, 9 de julio de 2009

25 años de Neuromante



El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.

Fue la muerte de su padre, atragantado con comida a finales de los 50, lo que hizo que se sumergiese en libros, confiriéndole ese aspecto de pasarse la vida en una biblioteca.

Buscó la verdadera ficción científica en Burroughs, William y no Edgar R., además de Kerouac y compañeros. Quizás de estos señores proviene la parte "árida" de su estilo narrativo.

Fue la muerte de su madre lo que le hizo abandonar el instituto, en la época del Verano del Amor. Comenzó a vagar confuso hasta llegar a esa parte del Ensanche que se llama Canadá. Las canadienses deben ser fáciles, porque hasta él consiguió arrejuntarse con una. Tan afortunado era en la vida que consiguió diplomarse mientras el resto del mundo se hundía en "la" crisis del petróleo. Al poco hasta le nace por ahí un hijo, y todo un mundo se va conformando en su mente...

Fragmentos de una rosa holográfica, lo más antiguo que le conozco. Vuestro denostado Johnny Mnemonic, en 1981:"Metí la escopeta en la bolsa Adidas...", y otros relatos que aparecerán en Burning Chrome-1986-.

Julio de 1984.

El mundo, cierto mundo, parece contener la respiración cuando las imprentas dan a luz Neuromante, la novela que (parece que) lo cambió todo. Podemos discutir esta cuestión todo lo que queráis.

Argumentada como una película de Hollywood. Escrita como ninguna película podría mostrar, de ahí los problemas de producción que está presentando la que (parece que) será su versión definitiva en el cine. Ahora le han metido otros dos años de retraso. No está mal.

Case, vaquero de la Matriz condenado por algún antiguo contratador a no poder conectarse drogas-de-por-medio. Molly Millions, antigua prostituta de lujo reconvertida a chica-samurai callejera. Armitage, el misterioso nuevo contratista, que "convence" a Case para que vuelva al trabajo gracias a un caro y misterioso antídoto.

Para que vuelva a un trabajo que le permitirá ganar lo suficiente para retirarse, a sus 25 añitos.

En plan conspiranoso, se meten por el medio recuerdos de Johnny Mnemonic (Molly habla de él sin mencionarlo), los Yakuza, el Finlandés -otro personaje recurrente de Gibson, que volveremos a encontrar en Conde Cero-, una empresa de transportistas espaciales rastafaris...

La parte final, que es lo que más me queda según va pasando el tiempo, tiene lugar en una colonia espacial, Freeside, con forma de huso. En una de las puntas se sitúa la Villa Straylight, el objetivo físico a asaltar. Case comienza el ataque y casi inmediatamente se queda en coma, Molly entra en la Villa y Armitage se vuelve loco y termina suicidándose, mejor dicho, "suicidado" por el primer personaje misterioso del libro: Wintermute, una entidad extraña, eso que se llama Inteligencia Artificial, y que trae por la calle de la amargura a nuestros (ya) queridos protagonistas. Por cierto, por el medio se cuela una cabeza enjoyada. Creo que el autor no lo dice explícitamente, pero en ella se contiene una de esas IA.

El clímax de la obra llega cuando en su estado de "puertas de la muerte", nuestro yonki de los electrones se encuentra con el segundo personaje misterioso, con apariencia de niño de favela con ojos blancos. Éste si es Neuromante, más poderoso que Wintermute. Con un extraño ritual colorístico, Case une a Neuromante y Wintermute. El resultado no queda muy claro en el texto, pero es fácil interpretarlo como transcendencia, el paso a algo superior. Las dos IA ya no existen en el ciberespacio, son el ciberespacio.




El mundo del Ensanche es de todo menos blanco y negro, aunque el gris sea dominante. Un mundo posnuclear, seres humanos luchando sin esperanza, cada uno llevando su peña cuesta arriba como puede antes de ser destruído. Aún entre eso surgen personajes que dan un poco de oxígeno, como el Finlandés, una especie de deus ex machina que pone las cosas en su sitio, un auténtico factótum que informa a todos de cosas imposibles. Es el que todo lo sabe sin afirmar nada, como hacen los verdaderos sabios. Aparece cuando menos se le espera y da un giro a la historia, un recurso típico, pero que a Gibson le funciona bien. También es el único, junto a (sospecho que) la nueva IA, que aparece en las tres novelas.

Las consecuencias de Neuromante sobre la cultura moderna, por llamarla de alguna manera, son visibles en lo cotidiano. Gente que se pasa una buena parte de la vida enchufados a la Red, la "subcultura hacker", la velocidad a la que las multinacionales funcionan ahora y lo que son capaces de hacer, la evolución y uso de las drogas de diseño, y, sobre todo, esa sensación que todos tenemos ahora de que el mundo vive y cambia a un ritmo diferente a cada instante, el escalofrío en el espinazo que nos advierte de que estamos cambiando. Y no para bien.

¿Considerarán algunos a William Gibson algo así como el Nostradamus moderno?




Todo empezó con el matrimonio de Marie-France Tessier y el señor Ashpool.

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