martes, 11 de septiembre de 2007

Media vida sin ti

Una lluviosa noche de finales de Febrero. Un modesto restaurante a orillas del río. Un montón de caras conocidas, algunas casi olvidadas. Y el momento temido, que se hizo realidad. El momento de volver a encontrarme contigo. Cara a cara, ¿quién lo diría? sin aquella sensación que me corroía cuando estabas cerca, hace tantos años...
Tras el obligado beso de saludo, fuiste la única persona que me preguntó por mi salud (mi maldita cabeza). Pero parecía que esa no iba a ser la única sorpresa de la noche, supongo que para ambos ¿Quién lo diría? la disposición de las sillas hizo que nos encontrásemos frente a frente. Pude advertir un leve gesto de sorpresa en tu rostro, y sin embargo saliste al paso, como de costumbre.
Y, por primera vez en veinte años, tuvimos una conversación. Como era de esperar, tú llevabas el peso de la misma, pero esta vez no me sentía arrollado, hace tantos años...
Y ahí estabas tú, tu piel dorada, tus grandes ojos, tu suave cabello castaño, casi rubio, tu sonrisa y tu voz, angelicales como siempre. Tus gestos graciosos, tus modales que ensombrecerían a los de muchas reinas. Y aquella sensación, otra vez recorriéndome el espinazo, quizás no con tanta fuerza, pero despierta por primera vez en mucho, mucho tiempo. Y así durante tres, casi cuatro maravillosas horas, mientras aguantó mi frágil cabeza.

Un adios sin despedidas.

Y, al día siguiente, como una bola de nieve que crece según rueda montaña abajo, así volvían las sensaciones. Y lloré ¿quién lo diría? lloré mientras me duchaba, el único momento auténticamente íntimo de mi día a día, recordándote, tu maravillosa presencia, tu modesta grandeza, incluso la extrema delgadez a la que habías llegado. Resonaba sin cesar una melodía en mi cabeza, una vieja canción italiana

Dio, come ti amo
Non è possibile
Avere tra le braccia
Tanta felicità
Baciare le tue labbra
Che odorano di vento
Noi due innamorati
Come nessuno al mondo

Durante una semana, o más, ya no lo recuerdo bien, estuve vagando por viejos laberintos sentimentales. Yo sabría que se me pasaría, así que podría decirse que casi disfruté aquella casi ancestral sensación. Lloré más veces, pero ninguna tan genuina, tan pura como la de aquella mañana.
Y, después, todo volvió por su cauce, las preocupaciones de cada día, viejos otros sentimientos. Pero fue bueno recordarlo, una auténtica catarsis.
Veinte años después, ¿quién lo diría?

Opinen, señores.

21 comentarios:

El Señor No Puedo dijo...

Esta vez el primero voy a ser yo. Quería hacer una entrada más larga, pero no me salió. Más información, pregunten al menda.

Dragomira dijo...

Dios mío...umh...¿cómo decirlo sin parecer cotilla?.....¿De quién estás hablando, pardiez!!?

Dragomira dijo...

El caso es que a lo mejor no me importa...

Dragomira dijo...

O no debería importarme...

Dragomira dijo...

Queremos más...

Dragomira dijo...

Entiendes ahora lo de escribir todo en un mismo comentario?

Dragomira dijo...

Lailusión que hace cuando ves un montón de comentarios....y después son todos micro-comentarios de la misma gente.

Dragomira dijo...

De todos modos, muy bonita entrada

El Señor No Puedo dijo...

Mañana,más

Sir Robin dijo...

Madre mia

petrosky dijo...

Pandilla de enfermos y psicopatas. Lo digo yo que soy el psico "namber guan"

Diancecht dijo...

A mí sí que me importa.

Diancecht dijo...

Quiero saberlo

Diancecht dijo...

Soy

Diancecht dijo...

un

Diancecht dijo...

cotilla

Beatriz dijo...

Mañana más... ¡qué emoción! Yo ya voy a dejar de ver Madre Luna y me engancho a tu blog...

Laana dijo...

Vaya, la primera vez que entro y me encuentro con esto... ¿quién es la muchacha en cuestión que ha hecho que llores 20 años después? ¡Qué barbaridad!

Beatriz dijo...

Por cierto, de finas y recatadas nada... ¿o es que te perdiste el post de la almendra?

Dragomira dijo...

AAAAH, las almendras...

Dragomira dijo...

Hola Laana